DOCUMENTO FINAL ASAMBLEA ESPECIAL PARA LA REGIÓN PANAMAZÓNICA, AMAZONÍA: NUEVOS CAMINOS PARA LA IGLESIA Y PARA UNA ECOLOGÍA INTEGRAL.

Taller: Pentecostés del Servidor

El Centro Fuego Nuevo realizó el siguiente taller de Pentecostés los miércoles, del 8 al 29 de mayo, desde una metodología innovadora y constructiva con los Agentes de pastoral, Servidores de la Escuela de Evangelización del Minuto de Dios – Sede Norte.

Desde un lenguaje bíblico narrativo se quiso compartir con los participantes los aprendizajes y las reflexiones que se podían extraer de la forma como se expresó y se evidenció la presencia del Espíritu Santo en la vida diaria de María, Jesús, los Discípulos y la Comunidad.

Se quiso llevar a los participantes a una vivencia y preparación para vivir la Fiesta de Pentecostés de una forma más cotidiana y para que aportaran a sus familias y a sus parroquias para que la vivencia de la Vigilia de Pentecostés fuera más impactante, confrontante y transformadora en todos los ámbitos de la vida humana.

Se desarrolló durante 4 sesiones de 3 horas y finalizó con un ágape que permitió conocer los impactos de lo aprendido y descubierto y, de manera muy experiencial, se hizo un compartir fraterno que estrechó los lazos de unidad y de testimonio.

Desde la comprensión que tiene el Centro Fuego Nuevo de valorar la inversión en tiempo y en servicio que expresan los evangelizadores a la Iglesia Católica, se certificó el taller enviando a los participantes para que, desde los criterios y líneas de la Nueva Evangelización, aportaran, desde una experiencia personal del Espíritu Santo, a dar respuesta a la tarea que tiene la Iglesia de anunciar la Buena Noticia ante los retos y desafíos que los cambios del mundo contemporáneo le presentan.

 

Redacción por: Juan Bedoya

Profesional Investigador del Centro Fuego Nuevo

Vigilia de Pentecostés 2019

“Espíritu Santo, Fuego Nuevo y Vida” 

El Centro Fuego Nuevo bajo la dirección del Padre Gonzalo Gómez, Eudista y la Parroquia Santa Ángela de Merici del Cortijo, Bogotá – Colombia, con su párroco el Padre Ricardo Ruiz, Diocesano, se unieron para preparar y desarrollar una celebración de la Fiesta de Pentecostés de la Iglesia Católica, desde los criterios de la Nueva Evangelización con los Agentes evangelizadores y toda la Comunidad parroquial.

La Vigilia se realizó el sábado 8 de junio de 2019 y tuvo su inicio a las 5:00 p.m. y finalizó con la celebración Eucarística de la liturgia de Pentecostés que suscitó una jornada de alabanza y unidad con más de 500 asistentes y participantes a quienes se invitó como interlocutores constructores de la actividad.

La metodología propuesta por el Centro Fuego Nuevo quiso potenciar y empoderar a los laicos, Agentes evangelizadores de la parroquia y se les invitó para que desarrollaran una catequesis sobre el Espíritu Santo a través de los Rostros de Pentecostés: Pentecostés de María (Lucas 1, 26ss); Pentecostés de Jesús (Mateo 3,13-17); Pentecostés de los Discípulos (Juan 20, 21ss) y, Pentecostés de la Comunidad (Hechos 2,1-16).

Cada Rostro fue abordado desde la lectura de los textos bíblicos y una explicación que sirviera para que los participantes llevaran a la cotidianidad la fuerza de Pentecostés y se lograra aportar a la transformación de la sociedad desde los dones y frutos que el Espíritu Santo otorga.

Se distribuyó a todos los asistentes en cuatro grupos para que conocieran las características de cada Rostro de Pentecostés, hicieran una construcción colectiva de los aprendizajes de la reflexión, identificaran una frase que resumiera la idea principal y se condensaran las ideas más sobresalientes que los participantes de cada grupo pudieran aportar.

Posteriormente, se unificó a toda la Comunidad parroquial y se expusieron las ideas principales de cada Rostro de Pentecostés que fue cerrado y concluido con las enseñanzas principales de dos expertos, el Padre Ricardo Ruíz, Párroco y el Padre Hermes Flórez y, con la representación artística de los niños y jóvenes de la parroquia que están siendo formados en las catequesis de primera comunidad y confirmación. Jóvenes que además se habían encargado de realizar la ambientación y decoración del lugar para la celebración.

Las frases que condesaron los participantes y que sirvió para precisar la enseñanza, fueron: “El sí de María que nos lleva al AMOR de Jesús”; “Mediante el bautismo de Jesús reafirmamos que somos hijos amados llenos de su Espíritu Santo”; “No tengas miedo os doy la paz” y, por último, “La unión en el servicio es el rostro del Espíritu de Dios”.

El arte también se expresó desde toda la unción del Espíritu Santo y como herramienta y vehículo en la aplicación de las nuevas simbologías y lenguajes para anunciar el Evangelio en línea de Nueva Evangelización. La animación musical fue realizada por los jóvenes de la parroquia que se unieron desde finales del 2018 y que han venido creciendo en la formación litúrgica y la animación de la comunidad parroquial. La Danza Carismática, oración por medio del cuerpo, se realizó con los servidores de la Renovación Católica Carismática y, el teatro, se concretó a través de pequeños sketches que recrearon pasajes bíblicos realizados por los niños y jóvenes de la comunidad.

El Centro Fuego Nuevo quiso recoger algunos testimonios que pudieran expresar los participantes y esto fue lo que dijeron:

El servidor en el Ministerio de música, Nelson Guacaneme, afirma: “Es el resultado del trabajo en equipo de la Comunidad Parroquial, gracias a la unión, a la colaboración y a la oración previa y durante la Vigilia vinos la vivencia del Espíritu Santo en la comunidad. Asistió mucha gente y vivimos con alegría la unción del Espíritu Santo. Fue un momento muy feliz lleno de mucha gracia y mucha bendición para la comunidad. Ese tipo de celebraciones nos anima a seguir trabajando cada vez más fuerte por la evangelización empezando por la parroquia en cada uno de los ministerios y así mismo nos une como comunidad, como servidores, como católicos y como familia parroquial nos une cada más alrededor del Espíritu Santo”.

Angélica Rodríguez, perteneciente al grupo juvenil de la parroquia, dice: “Esta Vigilia me pareció una experiencia muy bonita ya que fue un encuentro en la que pude sentir con más fuerza la acción del Espíritu Santo; pudimos recibir con mayor fuerza cada uno de los dones y frutos que el Espíritu nos da. También para agradecer por las cosas más mínimas que tenemos en nuestra vida hasta las cosas más grandes. También para pedir fortaleza y seguir adelante en medio de la oración y la alabanza que le damos a nuestro Señor. La verdad es que momentos como estos es que necesitamos en nuestra vida para conectarnos con el Señor y ser conscientes de que él ha estado con nosotros para cada momento en el que lo necesitemos. Son momentos íntimos en los cuales podemos comunicar con él y así tener una mejor experiencia desde lo más bonito de nuestras vidas”.

La servidora de la parroquia, Carolina Rincón, testimonia: “Con anterioridad tuvimos una preparación para esta Vigilia nos hablaron de los regalos que el Espíritu Santo da a su Iglesia. El día sábado, antes de la celebración eucarística, los catequistas trabajaron con la comunidad sobre los Rostros de Pentecostés en la Iglesia: de María, del Discípulos, de Jesús y de la Comunidad. Todos ellos dándonos a conocer cómo el Espíritu Santo se manifiesta y culminamos con una gran celebración eucarística hermosa, con alegría, con gozo y en unidad. Lo más importante fue vivir en familia con nuestra comunidad esta celebración”.

María Angélica Isaza, servidora de la parroquia afirma: “En nuestra parroquia tuvimos la participación de los seminaristas Eudistas del Minuto de Dios y del Centro Fuego Nuevo. Vivimos una Vigilia espectacular con muchísima unción y pudimos alabar al Señor a través de la oración, a través del encuentro con la comunidad, a través de la música, de la danza; los servidores estuvimos muy atentos, colaboramos y se sintió una fraternidad muy grande; pienso que el Espíritu Santo suscitó unas enseñanzas maravillosas que llevamos a varias familias. Tuvimos la fortuna de que la comunidad participara grandemente, contamos con muchísimas, muchísimas personas que vivieron esa Vigilia de Pentecostés y que sabemos que van a llevar ese Espíritu Santo, ese gozo, esa alegría a cada una de sus familias y de sus vidas. Seguimos orando para que el Espíritu Santo siga haciendo obras maravillosas en cada una de las personas que integramos la Parroquia Santa Ángela de Merici”.

Con el testimonio de esta experiencia de Pentecostés con una Comunidad parroquial concreta se evidencia cómo el Centro Fuego Nuevo ofrece y aviva los frutos de “una evangelización nueva en su ardor, en sus métodos y en sus expresiones” como lo dijo San Juan Pablo II, en Haití, en 1983.

Y con esta actividad el Centro Fuego Nuevo quiere evidenciar elementos en línea de Nueva Evangelización como: una Iglesia en salida; la construcción participativa de una comunidad avivada por la fuerza de la Palabra de Dios; el empoderamiento de los laicos comprometidos como Agentes evangelizadores; el ardor evangelizador de una comunidad avivada por la alabanza y la adoración en el encuentro personal con Jesucristo y, la utilización de nuevas metodologías y simbologías para comprender el Evangelio y traducirlo en acciones de construcción de una nueva sociedad.

 

Redacción por: Juan Bedoya

Profesional Investigador del Centro Fuego Nuevo

Oración Eremita en el siglo XXI

Si bien la vida eremítica ha sido abandonada gradualmente en la Iglesia Católica, aún existen religiosos que aseguran que esta vocación puede ser vivida en pleno siglo XXI, caracterizado por el avance de la tecnología en las comunicaciones.

Es el caso del Hermano Rex, un eremita de la Hermandad Little Portion de la Diócesis de Portland, ubicada en el estado de Maine (Estados Unidos), quien reconoce que esta es una vocación reconocida en la Iglesia y es mucho más que prácticas y aislamiento ascéticos.

“La gracia me atrajo a esta forma particular de discipulado. El ejemplo de los Padres y Madres del Desierto me atrajo a esta vida. También el ejemplo de muchos de los grandes santos a lo largo de la historia, como Francisco de Asís, un santo conocido que vivió como eremita por un tiempo antes de ser llamado a fundar una fraternidad religiosa de Hermanos”, contó el Hermano Rex en una entrevista concedida a CNA, agencia en inglés del Grupo ACI.

La palabra “eremita” proviene del griego “eremos”, que significa desierto o lugar aislado. La vocación de un eremita se hizo más popular entre los primeros cristianos, quienes, inspirados por santos como Elías y Juan el Bautista, deseaban vivir una vida apartada y, por lo tanto, se retiraron al desierto para vivir en oración y penitencia.

La definición de eremita se encuentra en el canon 603 del Código de Derecho Canónico, la norma que rige a la Iglesia Católica.

“§1. Además de los institutos de vida consagrada, la Iglesia reconoce la vida eremítica o anacorética, en la cual los fieles, con un apartamiento más estricto del mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua y la penitencia, dedican su vida a la alabanza de Dios y salvación del mundo”, establece.

Un día en la vida de un eremita o ermitaño

El Hermano Rex asegura que uno de los aspectos más alegres de su vida es la oportunidad que el Señor le da “de pasar largas temporadas en el silencio de la soledad” para “estar en la presencia de Dios y del prójimo a través de la oración”.

“Un aspecto alegre de mi vocación es que tengo la bendición de ser parte de las vidas de otras personas, ya que me invitan a unirme a ellas a lo largo de su vida a través del ministerio de la oración intercesora”, relató.

El Hermano Rex cuenta que su día comienza alrededor de las 4:00 a.m., luego a las 5 dedica una hora a la Adoración al Santísimo Sacramento y luego asiste a Misa en una parroquia local a las 7:00 a.m.

Después de regresar de la Misa, desayuna y dedica el resto de la mañana a la Lectio Divina, y muy de vez en cuando atiende a alguna persona que concertó una cita para dirección espiritual.

“Después de la oración del mediodía y el almuerzo, la tarde (aproximadamente de 1:00 a 5:00 p.m.) es un período de trabajo durante el cual respondo al correo electrónico y recibo las solicitudes de oración”, explica el Hermano.

Más tarde, a las 5:00 p.m. reza las Vísperas; cena a las 5:30 p.m.; y su oración por la noche es a las 7:00 p.m. Finalmente, apaga las luces a las 8:00 p.m.

“Este horario es lo suficientemente rígido como para proporcionar estabilidad a mi vocación en el silencio de la soledad, pero lo suficientemente flexible como para hacer recados, citas con el médico, realizar tareas en la ermita, etc.”, aclara el Hermano Rex.

Sobre la vida de otros eremitas que conoce, afirma que rara vez se aventuran fuera de su ermita.

“Algunos ermitaños se aventuran un par de días a la semana a algún tipo de trabajo para proporcionar apoyo financiero. La cantidad de tiempo que un eremita pasa fuera o encuentra a otras personas está determinado en gran medida por la interpretación del Canon 603 en diálogo con su ordinario (obispo) o su representante, y la regla o plan de vida del eremita”, describe.

Al final de la entrevista, el Hermano Rex afirmó que “la vida eremítica es un llamado de Dios e incluye el amor a los demás”, y que se aleja de lo que algunos pueden considerar “misantropía”, a la que definió como una “respuesta psicológicamente desadaptada al mundo.”

Lo que rezo por otros católicos, cristianos no católicos y la sociedad en general es que ellos, como yo, venimos a experimentar la libertad, la felicidad y el gozo que provienen de someter la propia voluntad y vida al amoroso señorío de Jesucristo en cualquier estado de la vida se encuentran a sí mismos”, concluyó.

Autor: Redacción ACI Prensa

Fecha: 24 de abril de 2019

En: Aciprensa

La Oración Taizé

Una oración para cristianos del mundo actual que buscan a Dios

Unos 15.000 jóvenes llegaron el viernes 28 de diciembre a Madrid para participar en las jornadas de oración de Taizé, de los que unos 3.000 se alojaron en casas de amigos y parientes y otros 12.000 se alojaron en casas de perfectos desconocidos que se arriesgan abriendo sus puertas a extranjeros que tienen entre 17 y 35 años, muchos de ellos protestantes, ortodoxos o incluso jóvenes que están en plena búsqueda espiritual.

Los madrileños que abrieron así sus casas durante 4 noches, del 28 de diciembre al 1 de enero, participaron de lo que hace décadas y que llaman en Taizé una “peregrinación de confianza”. Es la confianza en Dios lo que lleva a la confianza en el peregrino extranjero.

Unas 150 parroquias madrileñas participan en coordinar esta acogida y reparto entre sus familias de peregrinos llegados de toda Europa, especialmente de Portugal, Francia, Italia, Ucrania, Polonia, Croacia y otras naciones. Todos los actos de la jornada, los talleres de distintos temas (sociales, espirituales, artísticos, culturales) y los momentos de oración en Ifema y en las parroquias, están abiertos a todo el mundo (de cualquier edad o sentir espiritual) y son gratis: se pueden consultar en TaizeMadrid.es .

El monasterio de Taizé está a punto de cumplir 60 años, y su experiencia de acogida arriesgada es aún más antigua: empezó en 1942, durante la II Guerra Mundial, cuando el joven protestante Roger Schutz escondía gente en este diminuto pueblecito, judíos y otras personas que huían de los nazis. Al cabo de unos meses de ocultar fugitivos, sabiéndose descubiertos, Roger y sus “invitados” huyeron a Suiza. Después de la guerra, volvió… y ahora a quien acogía era a prisioneros alemanes y a niños huérfanos o separados de sus padres.

Finalmente, en Pascua de 1949 siete jóvenes, protestantes de distintas iglesias y estilos, hombres que habían visto el horror de la guerra mundial, se comprometieron para toda la vida a guardar celibato, llevar una vida común de oración y vivir con una gran sencillez, fomentando la acogida y la unidad entre los cristianos y entre los hombres y los pueblos. En 1962, el Hermano Roger acudió al Concilio Vaticano II. En 1966 Taizé acogía su primera gran reunión de jóvenes europeos. Y en 1969 entraba por primera vez un hermano católico en la comunidad de religiosos.

Pasados casi 60 años, Taizé ya no es un experimento, sino una realidad consolidada: cada año pasan 70.000 jóvenes europeos por su monasterio en Borgoña, cerca de Autun, Cluny y Paray le Monial. Allí viven más de cien hermanos. A Taizé la han alabado los Papas y también otras iglesias cristianas. Muchos recuerdan al cardenal Joseph Ratzinger dando la comunión al Hermano Roger en los funerales de su común amigo Juan Pablo II en 2005. Pocos meses después, una loca acuchilló al anciano Hermano Roger en medio de una oración, ante multitud de testigos.

San Juan Pablo II con el Hermano Roger       

   

Un anciano Hermano Roger recibe la comunión del aún

cardenal Ratzinger en los funerales de Juan Pablo II en 2005 

¿Por qué Taizé, algo nacido en un pueblecito rural y en la II Guerra Mundial, una aventura ampliada en el postconcilio, sigue atrayendo hoy, después de la Guerra Fría, la Caída del Muro, la secularización brutal de Europa, la irrupción de Internet y las redes sociales?

Queda claro que los jóvenes de hoy, que tienen fácil viajar a cualquier sitio, no acuden allí por mero turismo, ni tampoco el viajar los atrae a los encuentros como el de Madrid, con un horario agotador de caminatas y oraciones y malísima comida enlatada y su famoso desayuno de galleta seca con aguacao (mucha agua y poca leche y cacao).

Podemos establecer 9 puntos fuertes de Taizé que la mantienen muy viva y relevante

1 – La oración con la música

La música meditativa y repetitiva de Taizé es su gran fuerza. No es emotivista ni sentimentalista ni es moralista. Es intemporal, es monacal, usa textos de los santos, de los Padres de la Iglesia, de autores del Oriente cristiano y de clásicos de Occidente como San Ignacio o Santa Teresa. Usa muchos textos de la Biblia. Y de algunos filósofos. Este año se incorpora y presenta en Madrid una canción con un texto del filósofo español Miguel de Unamuno. Esta es la letra que se repite y se medita uan y otra vez durante 5, 7, 9 minutos: “Tu palabra, Señor, no muere, nunca muere, porque es la vida misma, y la vida, Señor, no solo vive, no solo vive, la vida vivifica”. También abundan las canciones en latín, en griego y en eslavo eclesiástico, especialmente en antífonas, aleluyas y oraciones de perdón. Al ser repetitivos, son fáciles de aprender. Al usar varias voces, todo el mundo puede encontrar la suya propia.

2 – La oración con el silencio

Los monjes lo tienen muy claro: los jóvenes buscan silencio. ¡Nadie más lo ofrece: ¡ni el mundo, ni los amigos, ni la escuela! Ni siquiera en la parroquia hay casi silencio. Estar solo no garantiza silencio cuando tu móvil vibra sin cesar en el bolsillo. En la oración de Taizé, la música lleva a largos ratos de silencio orante. Y en Taizé, en Francia, llega mucha gente que solo quiere eso: silencio. Incluso en Madrid hay talleres que consisten en estar en silencio y escuchar a Dios.

3 – La estética visual: monástica, intemporal, no caduca

Al construir la iglesia grande de Taizé, toda de cemento, el Hermano Roger vio que era visualmente muy fría. La decoraron con telas cálidas. Y de los ortodoxos adquirieron la apreciación por las velas y los iconos. Y el hábito monacal: los jóvenes ven a los monjes siempre rezar con hábito, aunque en los talleres y tareas vistan de civil. La estética de Taizé no ha envejecido mal, se mantiene como algo intemporal, marca espacios y tiempos sagrados. Es monacal. Queda claro que es algo sacro, no profano.

4 – El ecumenismo de rezar juntos

En Taizé no se discute de teología: eso es para teólogos. En Taizé, los jóvenes protestantes aprenden a rezar con textos de San Ignacio y Santa Teresa y con iconos bizantinos. Aprenden que las iglesias históricas no “adoran imágenes”. Católicos latinos y protestantes aprenden que el Oriente cristiano guarda grandes tesoros. Las cartas del Hermano Roger estaban llenas de citas de Gregorio Nacianceno, Basilio el Grande, Isaac de Siria, San Juan Damasceno… y se cantan sus himnos. Los jóvenes ucranianos, rumanos, búlgaros, serbios, ven a los jóvenes de Europa occidental rezar como ellos, buscar a Dios. Los católicos entienden que la Iglesia es grande, muy grande. A veces admiran el conocimiento de la Biblia de los hermanos protestantes. Todos cantan juntos la misma melodía, aunque a veces cada uno en su lengua. Al final, queda una sensación: si es posible orar juntos, será posible hacer muchas más cosas buenas juntos, deducen los jóvenes.

5 – Momentos de moverse, momentos de estar quietos: orar con el cuerpo

Nuestra cultura superdigital es contradictoria: se hace poco ejercicio, uno se desplaza poco, todo lo puedes descargar desde el móvil. Incluso las asociaciones deportivas han perdido afiliación para jugar. Por otra parte, hoy la persona no está quieta, intenta hacer 4 cosas a la vez: escuchar la radio, ver su móvil, ver su ordenador, alguna tarea de casa…

Taizé es una peregrinación: has de moverte de un templo a otro, de un país a otro, es incómodo, cansa, has de llevar poco equipaje. Pero también es aprender a estar quieto: detenerte y rezar, detenerte y escuchar, esperar… Cada cosa a su tiempo, y no todo a la vez. Eso implica orar con el cuerpo: arrodillarse ante la cruz, incluso tocarla con la frente; sentarse con la espalda recta. El cuerpo también reza. En Semana Santa, en la iglesia de Taizé, muchos duermen en el mismo templo, abarrotado toda la noche: también eso es un abandonarse ante Dios.

6 – Como monjes: cultura de la simplicidad y austeridad 

En nuestra sociedad de consumo, es contracultural beber el aguacao de Taizé, su latita de carne insípida en conserva, dormir en el suelo rodeado de desconocidos, incluso rezar sentado en el suelo a veces frío… todo eso alimenta una cultura de la austeridad y sencillez. Los jóvenes tienen la sensación de poder vivir con poco… y buscando a Dios.

7 – Conocer al distinto, a veces al “enemigo” 

Serbios y croatas y bosnios, en un mismo retiro. Ucranianos de las mismas iglesias ortodoxas que ahora se están separando, junto con ucranianos grecocatólicos. O jóvenes que ven a sus hermanos llevar armas en la frontera de Lugansk. Irlandeses del norte, protestantes y católicos. Alemanes con polacos y franceses: en vida del Hermano Roger se mataban. Alemanes de las dos Alemanias. Independentistas catalanes con españolistas convencidos. Todos rezando juntos, o al menos haciendo cola juntos para merendar. El distinto no es tan distinto, reza contigo, duerme contigo, te acoge en su casa. Pero todo es peregrinación, porque la verdadera casa está en el Cielo. Lo demás, ¿ayuda a caminar hacia allí?

8 – Mística, no palabrerío 

El prior de Taizé suele publicar una carta al año, que es meditada durante todo el curso. Las homilías y meditaciones suelen ser breves: ¡hay que traducirlas a varios idiomas! Taizé usa palabras, pero no en largos discursos o sermones. Taizé ofrece mística: Palabra de Dios, silencio, contemplación… Los jóvenes invitan a otros jóvenes diciendo: “ven a rezar y a cantar, quizá te pase algo, quizá Dios te hable“. No dicen: “ven, que te darán grandes razones y argumentos”. La primacía está en la mística: invocar a Dios, y escuchar.

9 – No es un movimiento… y llega bien a alejados 

Taizé no quiere reclutar monjes ni socios ni organizar un movimiento con estatutos. De los 70.000 jóvenes que pasan por el monasterio, hay cientos que cada año se preguntan si deben quedarse. Muchos pasan un año como voluntarios, ayudando. Pero solo un año: después, se han de ir, Taizé no recluta monjes.

Taizé insiste en presentarse como una fuente: es un lugar donde uno se refresca, se fortalece… y sigue su camino espiritual. No es un lugar donde uno se queda. Eso hace que todo tipo de movimientos y realidades eclesiales puedan acudir a Taizé, o enviar a sus jóvenes. Además, al no pretender reclutar a nadie, los alejados de la Iglesia o buscadores espirituales pueden ser invitados de una forma abierta. “Ven y verás”, la invitación de Jesús.

Como contrapartida, si bien Taizé es muy nutritiva para quien está empezando en el camino de la fe, para alejados, para cristianos jóvenes o con poca experiencia de oración, y para las personas con sensibilidad más contemplativa, no es una herramienta adecuada para crecer mucho en la fe para quienes ya sean cristianos razonablemente maduros, los que ya han vivido el poder de la oración, la comunidad, la Palabra de Dios o la fuerza efusiva del Espíritu Santo. Sin embargo, sus encuentros de oración, y el monasterio mismo, siempre serán lugares de reposo y sanación para todos los cristianos que vayan buscando a Dios.

Todo esto está ahora accesible en Madrid durante cuatro días: las actividades y momentos de oración se pueden consultar en: https://taizemadrid.es

 

Autor: Pablo J. Ginés

Fecha: 28 diciembre 2018

En: Religión en Libertad

Oración Narrativa para Agentes de Evangelización

AGENTES DE EVANGELIZACIÓN DE LA ESCUELA MINUTO DE DIOS – SEDE NORTE

El Centro Fuego Nuevo realizó el taller “Pentecostés de los Servidores” con los Agentes pastorales de la Escuela de Evangelización del Minuto de Dios, Sede Norte. A través de 4 encuentros se construyeron aprendizajes frente a los 4 rostros de Pentecostés: Pentecostés de María; Pentecostés de Jesús; Pentecostés de los Discípulos y Pentecostés de la Comunidad.  La explicación narrativa bíblica y la aplicación de lo reflexionado a un lenguaje de oración cotidiano como fruto de un Pentecostés personalizado permitió que los participantes se sintieran enviados a aportar, desde las líneas y criterios de la Nueva Evangelización, a la transformación social y a responder a los retos y desafíos que enfrenta la Iglesia ante los cambios del mundo contemporáneo.

Los participantes valoraron el impacto de este taller a partir de expresiones como:

  • “Este taller me ha permitido pasar por los diferentes Pentecostés que tuvo María, Jesús, los Discípulos y la Comunidad. María tuvo un continuo Pentecostés porque el Espíritu Santo la asistió siempre. María continuó viviendo su Pentecostés con Jesús hasta el momento en el que él entrega su Espíritu y Resucita. Hoy en día, uno como “servidor”, lleva a María, a Jesús, es discípulo y vive en Comunidad de Iglesia. Lo importante es asumir las actitudes de los discípulos y apóstoles en la vida diaria porque esto no es tan fácil”.
  • “Este es el mejor Pentecostés que he vivido en mi vida porque personalmente me ha hecho mirar toda mi vida, como en una película. Nunca había profundizado tanto sobre el Pentecostés de un discípulo y de los seguidores de Jesús. No solamente es vivir Pentecostés en estos 50 días si no en cada día de mi vida, vivir un Pentecostés como ejemplo María, como Jesús, que han sido siempre mi guía pero que me faltaba profundizar un poco más en mi vida y en la de mi familia que en algún momento, por querer tener el mundo, me olvide de ellos y que ahora estoy recuperando y quiero resarcir eso con las nuevas generaciones de mi familia y que me vean como un testimonio de vida”.
  • “Me gustó mucho la profundidad en la Palabra. Afirmó que yo fui muy feliz en esa metodología de la narrativa. Para mí era un cuentico que no quería que se acabara el taller y que continuara (…) Sería bueno que se hicieran más talleres sobre el Espíritu Santo porque por eso es que no hemos podido ser verdaderos testigos, porque no tenemos el Espíritu Santo, no estamos llenos del Espíritu Santo. Y, estoy convencida que si no estamos llenos del Espíritu Santo en nuestra debilidad y nuestra miseria humana no podemos dar el verdadero testimonio”.
  • “Fue un taller de ilustración. Descubrir en cada rostro que la oración es la que une y llama al Espíritu Santo. En mí, personalmente, me ha costado mucho orar. Lograr decir el sí de María, llevar las cosas en mi corazón como ella lo hizo, como imagen de madre, eso es muy valioso; de Jesús, la obediencia al Padre y cumplir siempre su voluntad es otro camino que yo he venido tratando de hacer y que ahora con la ayuda del Espíritu Santo quizá lo siga haciendo; el de los Discípulos, cómo ellos también, por la fe, ir de la frustración, del desencanto a la esperanza, eso me pareció muy lindo; y el de la Comunidad, es que nosotros solos no podemos nada, con la ayuda del Espíritu Santo y en comunidad es que podemos lograr. Son caminos y pasos que tengo que seguir.

Desde una “evangelización nueva en su ardor, en sus métodos y en sus expresiones” el Centro Fuego Nuevo quiere avivar, motivar e impulsar a los evangelizadores que desde su cotidianidad ayudan a la Iglesia en su tarea de anunciar el Evangelio en una sociedad liquida, fluctuante y controversial. Desde el núcleo de la familia estos agentes generan diálogos fructuosos con las nuevas generaciones y obtienen las herramientas necesarias para hacer parte de una Iglesia en Salida y en permanente Conversión Pastoral.

 

Redactado por:        Juan Bedoya

                                   (Investigador del Observatorio del Centro Fuego Nuevo)

 

Evangelizadores con Espíritu

9 Consejos del Papa Francisco para hacer apostolado

Hemos celebrado Pentecostés hace unas semanas, y como no hubo regalos bajo un árbol ni huevos de colores esperándonos al amanecer, queda la sensación de que es una celebración menor. El comercio no ha hecho de las suyas con esta fiesta y para muchos pasa como simple efeméride religiosa que forma parte del calendario litúrgico, pero no. Pentecostés no solo es una fiesta en que recordamos, una experiencia mística de un grupo de cristianos del primer siglo, sino que una experiencia real que los cristianos de hoy en día estamos llamados a vivir y experimentar; que nos hace Iglesia y nos envía a la misión.

De las cosas que el Espíritu Santo hizo ese día en los discípulos, podemos quedarnos con aquello sobrenatural, lo del fuerte viento y las lenguas de fuego, o bien mirar con más generosidad y contemplar cómo el nacimiento de la Iglesia es el nacimiento de una comunidad intrínsecamente misionera, donde su identidad más profunda se explica solo desde la misión. Ellos no recibieron el Espíritu Santo para sí mismos, para ser consolados y confortados por haber quedado sin su líder, sino que ese Espíritu es el que los envía a comunicar lo vivido, lo aprendido y lo revelado durante el tiempo con Jesús

Ese primer impulso misionero llega hasta nuestros días y ha hecho que yo, sentado en mi escritorio en Temuco, a 800 km al sur de Santiago, la capital de Chile, donde se acaba el mapa, sea alguien que ha recibido esa Buena Noticia de Jesús y haya recibido el don de la fe. Hasta acá ha llegado ese impulso misionero del Espíritu Santo y aún tiene cuerda para rato.

Nosotros, cristianos de hoy en día, estamos llamados a seguir renovando ese impulso misionero. El papa Francisco, haciendo eco de la gran necesidad de mantener ese fervor evangelizador, hace unos años nos regaló la «Evangelii Gaudium», una exhortación apostólica sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. El capítulo final de este texto es titulado: «Evangelizadores con Espíritu», donde más que recomendaciones metodológicas sobre cómo salir a evangelizar, nos da ideas para mantener vivo ese espíritu misionero, ese que experimentaron los apóstoles luego de Pentecostés.

*Para referirnos a la «Evangelii Gaudium», pondremos sus siglas EG.

1. ¿Qué es un evangelizador con Espíritu?

Son evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo,son esos que ya no cuentan con sus propios planificaciones, métodos y recursos, sino que comprenden que esto va más allá de ellos mismos. Un Evangelizador con Espíritu no es simplemente un funcionario voluntario de la Iglesia que cumple las tareas que le son asignadas como una carga o una responsabilidad. Más bien, arde en su corazón el fuego del Espíritu y no puede contener su fuerza, que lo mueve a comunicar la buena noticia.

«En Pentecostés, el Espíritu Santo hace salir de sí mismos a los apóstoles y los transforma en anunciadores de las grandezas de Dios que cada uno comienza a entender en su propia lengua… Les infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar incluso a contracorriente» (EG 259).

2. ¿Qué hace un evangelizador con Espíritu?


Ora y trabaja.
 Se dedica a lo pastoral y a lo espiritual reconociendo que ninguna de las dos cosas es más importante que la otra: que las propuestas místicas sin un fuerte arraigo espiritual se quedan en lo teórico y que los discursos y prácticas misioneras sin una fuerte vida de oración y espiritualidad se quedan vacías y se disuelven en mero voluntarismo.

«Estas propuestas parciales y desintegradoras solo llegan a grupos reducidos y no tienen fuerza de amplia penetración, porque mutilan el Evangelio» (EG 262).

3. ¿Qué motiva a un evangelizador con Espíritu?

Es movido por el encuentro personal con Jesús. No hay ideologías, catequesis, mensajes motivadores, cartas papales ni retiros espirituales que lo hagan a uno un evangelizador con Espíritu. Siempre es una experiencia personal de encuentro con el Resucitado. «La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido» (EG 264).

Esa experiencia es la que busca salir de nosotros y quiere ser compartida con otros, siente un deseo de ser comunicada y mueve nuestros “quereres y voluntades” para convertirnos en agentes evangelizadores. Por eso es necesario clamar a diario para que Jesús siempre nos mantenga enamorados, que vuelva a encantarnos y cautivarnos, y al mismo tiempo, nosotros disponer nuestro corazón para dejarnos enamorar y conquistar por el Amor de los amores, ese que pide ser compartido con otros.

4. El evangelizador con Espíritu tiene esperanzas en que su misión es relevante para los demás

«El misionero está convencido de  que existe ya en las personas y en los pueblos, por la acción del Espíritu, una espera, aunque sea inconsciente, por conocer la verdad sobre Dios, sobre el hombre… El entusiasmo por anunciar a Cristo deriva de la convicción de responder a esa esperanza» (EG 265).

Aunque a veces perdamos el entusiasmo por sentir que somos sembradores que tiran la semilla entre piedras, espinos o se las comen los pájaros a la orilla del camino, guardamos en nuestro corazón la esperanza de que aquello que es nuestro tesoro es también valioso para los demás, incluso aunque no lo sepan. Es importante mantener esta esperanza, creer que aquello que cambió nuestra propia vida cambiará también la de todo el mundo. «Una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, no convence a nadie» (EG 266).

5. Un evangelizador con Espíritu tiene gusto espiritual de estar cerca de la gente


No se entiende un evangelizador en una oficina, metido en papeles y trámites, que se sienta incómodo con la gente,
 con la calle, con el ruido. A modo de testimonio personal he visto cómo amigos míos, matrimonios jóvenes con niños pequeños, han ido dejando de participar en actividades pastorales porque no eran bienvenidos con el ruido y el desorden propio de los pequeños; veo como jóvenes no encuentran espacios de desarrollo más allá que el voluntariado, mover bancas, disfrazarse de algo para el Vía Crucis o el Pesebre y ser útiles, mas no valiosos; cómo adultos de edad media no encuentran espacios acorde a sus necesidades y desafíos, sino que solo hay espacio para servir, no para ser oveja; y cómo los pobres y sencillos son solo objeto de caridad, pero pocas veces de vida espiritual y mucho menos se les abre la puerta para servir y ofrecer sus dones.

«Para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo superior. La misión es una pasión por Jesús, pero, al mismo tiempo una pasión por su pueblo» (EG 268).

6. Un evangelizador con Espíritu es un buen comunicador

No se trata de técnicas ni estrategias comunicativas planificadas y preparadas de antemano, se trata de una actitud, de una forma de acercarse a los demás, esa forma que vive la Iglesia primitiva. Solo puede ser misionero alguien que se sienta bien buscando el bien de los demás, deseando la felicidad de los otros.

«Se nos invita a dar razón de nuestra esperanza, pero no como enemigos que señalan y condenan. Se nos advierte muy claramente “Hacedlo con dulzura y respeto” (1 Pe 3, 16), y “en lo posible y en cuanto a vosotros dependa, en paz con todos los hombres” (Rm 12, 18)… Sin pretender aparecer como superiores, sino «considerando a los demás como superiores a uno mismo» (Flp 2, 3). De hecho, los Apóstoles del Señor gozaban de “la simpatía de todo el pueblo” (Hch 2,47; 4, 21.33)» (EG 271).

7. Un evangelizador con Espíritu no cae preso del pesimismo

«Algunas personas no se entregan a la misión, pues creen que nada puede cambiar y entonces es inútil esforzarse. Piensan así: “¿Para qué me voy a privar de mis comodidades y placeres si no voy a ver ningún resultado importante?”. Con esa actitud se vuelve  imposible ser misionero» (EG 275).

El testimonio de los discípulos luego de Pentecostés nos relata que ellos tenían todo en contra para lograr sus objetivos misioneros, pero sabemos que en cuanto salieron a predicar: «El Señor colaboraba con ellos y confirmaba la Palabra» (Mc, 16, 20), y eso debe ser lo que nos anima, aun cuando los frutos esperados no sean visibles.

«A veces nos parece que nuestra tarea no ha logrado ningún resultado, pero la misión no es un negocio ni un proyecto empresarial, no es tampoco una organización humanitaria, no es un espectáculo para contar cuánta gente asistió gracias a nuestra propaganda» (EG 279). Es mucho más que eso y las estadísticas nunca lograrán medir cuánto ha cambiado una vida, nunca podrán cuantificar lo que experimenta una persona al sentirse perdonada, con esperanza o abrazada con misericordia.

8. Un evangelizador con Espíritu confía en la acción del Espíritu Santo

Un evangelizador así reconoce que depende de la acción del Espíritu en su tarea misionera y tiene una decidida y voluntaria confianza en Él, porque «Él viene en ayuda de nuestra debilidad» (Rm 8, 26) cuando la tarea se pone cuesta arriba.

Cuando se confía en la acción del Espíritu Santo «no hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente y nos impulse hacia donde Él quiera. Él sabe bien qué hace falta en cada época y en cada momento. ¡Esto se llama ser misteriosamente fecundos!» (EG 280).

9. Un evangelizador con Espíritu va de la mano de María

«Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hch 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización» (EG 284).

No se trata solo de llevar el rosario en la mano y recitar un par de “Avemarías” antes de salir a tocar puertas, sino que se trata de estar con ella, recibirla como Madre y que en nuestro camino personal y comunitario, su compañía nos vaya educando para relacionarnos con el Espíritu Santocomo ella lo hacía a ser portadores de La Buena Noticia de Jesús, tal como lo hizo ella.

Fecha: Julio 4, 2017

Autor: Sebastián Campos

En: Catholick Link

La conciencia ecológica en la sociedad contemporánea

Una Ecología Humana

Vemos con preocupación manifestarse en nuestro tiempo una creciente confusión antropológica que presenta múltiples y preocupantes síntomas. Por mencionar solo algunos, podemos anotar la confusión entre orientación e identidad sexual, la creciente pretensión de reclamar el aborto como derecho y conquista, la presentación del ser varón o mujer como materia de opción personal, la reducción de la sexualidad a mero instrumento de gozo y placer, los intentos de re-definir el matrimonio… la lista podría prolongarse…

Esta confusión reclama orientaciones y luces para el camino. La Iglesia, experta en humanidad, [1] sabe que debe prestar al mundo la diakonía de la verdad sobre el ser humano, varón y mujer, anunciándola y proponiéndola con métodos claros, nuevos y creativos. En el contexto confuso de la actualidad, la Iglesia parece tener cada vez más una tarea particular como baluarte donde preservar el orden de la naturaleza en ámbito humano.

En este contexto, el Santo Padre Benedicto XVI ha hablado en diversas ocasiones de la necesidad de defender la creación, consciente de que este tema resuena en la sensibilidad de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Sin embargo, es interesante notar como el Papa subraya que una parte fundamental de esta defensa de la naturaleza debe tener lugar protegiendo al hombre contra la destrucción de sí mismo, promoviendo una “ecología humana.”

¿A qué se refiere Benedicto XVI cuando habla de una ecología humana? Leyendo sus intervenciones [2] es interesante notar como el Papa no tiene en mente solamente un compromiso por la defensa de lo creado que tenga en cuenta también al ser humano. Su idea de «ecología humana» va más allá. Se refiere a recordar que el hombre mismo es parte de la naturaleza y a apreciar y acoger su lenguaje propio, lenguaje que encuentra inscrito en su ser; se refiere a respetar el orden de la naturaleza en la vida misma del ser humano, por el cual existe siempre y solo como varón y como mujer. El Papa nota con preocupación cómo cuando el hombre ignora este hecho y desprecia el orden de la creación, se va encaminando a la destrucción de sí mismo, creando la ilusión de una falsa libertad y una falsa igualdad. Nos ha alertado además ante la ilusión por la cual el hombre cree ser pura libertad que se crea a sí mismo, prescindiendo o creyendo poder prescindir, del dato de la naturaleza, que en cambio es condición de posibilidad de la libertad misma. Ha mencionado en sus reflexiones el término gender como promotor de este problemático intento de emancipación de la creación y del Creador.

En la Encíclica Caritas in Veritate decía: «Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia común acaba perdiendo el concepto de ecología humana y con ello de la ecología ambiental. Es una contradicción pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educación y las leyes no las ayudan a respetarse a sí mismas.»[3]

Como el Papa nota, hay una especie de esquizofrenia en nuestra cultura, por la cual se promueve, justamente, el respeto por la naturaleza en todos los ámbitos; pero este respeto no parece referirse en los mismos términos al ámbito humano. En la vida humana, en cambio, parece abrirse campo cada vez más lo artificial y se presenta como un deseable “control”, como “libertad,” como “posibilidad de opción”, “progreso” o “conquista”.

El problema decisivo de la salvaguarda de la naturaleza, nos dice el Papa, «es la capacidad moral global de la sociedad. … Los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad.»[4]

Mirando atrás, a la historia de la Iglesia, encontramos como ante graves crisis culturales y momentos de fuertes cambios fue en el seno de la Iglesia donde valores primordiales de la cultura fueron preservados y luego transmitidos a las posteriores generaciones. Por eso es que ante las problemáticas que constatamos en nuestro tiempo, ante el hombre que ha perdido cada vez más el sentido de su propia identidad y dignidad, parece acrecentarse el llamado a la Iglesia a ser aquel baluarte donde se “salvaguarde” lo humano, entendiendo esta salvaguarda no como un encerrarse en sí mismos, aislándose, sino como una preservación de la verdad, de la libertad, de la dignidad y vocación humanas tal y como han sido queridas por el Creador, para transmitirlas con fidelidad a las generaciones venideras.

[1] Cfr.  S.S. Pablo VI, Carta Encíclica Populorum Progressio sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos, 13; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo, Vaticano, 31 mayo 2004, 1.

[2] Cfr. por ejemplo: S. S. Benedicto XVI, Discurso a la curia romana con ocasión del intercambio de felicitaciones por la Navidad, 22 de diciembre de 2008; Discurso en la visita al Parlamento Federal, Reichstag – Berlín, 22 de septiembre de 2011.

[3] Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in Veritate, 51.

[4] Ibidem.

Fecha: Marzo – abril 2012

En: Página del Consejo Pontificio Para los Laicos

Por: Ana Cristina Villa Betancourt

La ecología integral que enmarca a la ecología humana

El Observatorio de Investigación del Centro Fuego Nuevo le realizó una entrevista al señor Alirio Cáceres Aguirre, sobre el tema de la “Ecología Humana”, una mirada desde los criterios de la Nueva Evangelización.

Alirio Cáceres Aguirre es un diácono permanente de la Arquidiócesis de Bogotá, casado, padre de tres hijos. Ingeniero Químico, especialista en Educación, Magister en Teología, su vocación específica es el diálogo entre Ecología y Teología. Fundó en 2002 el equipo de investigación “ECOTEOLOGIA” en la Pontificia Universidad Javeriana, donde laboró entre 1998 y 2014. Actualmente es el referente del programa de Ecología Integral del CELAM y CARITAS de América Latina y el Caribe, hace parte de la directiva del Movimiento Católico Mundial por el Clima (MCMC), coordina la MESETI (Mesa Ecoteológica Interreligiosa de Bogotá) y es el Animador Arquidiocesano para el cuidado de la Creación.

Pregunta No. 1: ¿Qué es la Ecología Humana desde la Laudado Sí’ y el enfoque del programa de Ecología Integral del CELAM y CARITAS de América Latina y el Caribe?

El Papa Francisco en la Encíclica Laudato si´ sobre el cuidado de la casa común, da un viraje a la noción que usualmente se maneja con el término “ecología”. Por lo general, la gente asocia ecología con lo “verde”, lo relaciona con la flora y la fauna sin incluir al ser humano y mucho menos a Dios. En la encíclica, el Papa propone una ecología “integral” que implica considerar las dimensiones de una ecología ambiental, económica, social, cultural y de la vida cotidiana (capítulo 4), con dos principios éticos (el bien común y la justicia intergeneracional) y una espiritualidad que corresponde a la vivencia de Dios de San Francisco de Asís, a quien considera un excelente ejemplo del “cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad.” (LS 10)

En este orden de ideas, la Ecología Humana debe comprenderse dentro de la Ecología Integral, dado que todo está conectado (LS 91, 138, 240), todo está relacionado (LS 70,120,142), los seres humanos no vivimos aislados, hacemos parte de la familia de Dios, somos creación suya y tenemos una inmensa responsabilidad para convertir esta casa común en un hogar común. La misión es que todo lo creado camine cantando ¡Laudato si´! alabando a su Creador. De ahí que en los capítulos finales de la encíclica se insista mucho más en la expresión “Ecología Humana” pues a través del diálogo y el ejercicio de la política (capitulo 5) y de la educación ecológica logremos una conversión integral y radical para vivir una espiritualidad que sea el reflejo de una cultura del cuidado que sustituya la cultura del descarte y de la muerte prematura.

Este es un giro muy profundo que caracteriza el planteamiento epistemológico de la encíclica, pues supera un antropocentrismo desviado, despótico e irresponsable. “El fin último de las demás criaturas no somos nosotros. Pero todas avanzan, junto con nosotros y a través de nosotros, hacia el término común, que es Dios, en una plenitud trascendente donde Cristo resucitado abraza e ilumina todo. Porque el ser humano, dotado de inteligencia y de amor, y atraído por la plenitud de Cristo, está llamado a reconducir todas las criaturas a su Creador” (LS 83) Incluso el Papa afirma que “Dios nos ha unido tan estrechamente al mundo que nos rodea, que la desertificación del suelo es como una enfermedad para cada uno, y podemos lamentar la extinción de una especie como si fuera una mutilación” (LS 89). Por eso es fundamental tener en cuenta que “No habrá una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano. No hay ecología sin una adecuada antropología” (LS 118) …”no podemos pretender sanar nuestra relación con la naturaleza y el ambiente sin sanar todas las relaciones básicas del ser humano” (LS 119). No se puede proponer una relación con el ambiente aislada de la relación con las demás personas y con Dios. En este sentido, abordar la cuestión ecológica implica ahondar en el talante moral del ser humano y su evolución espiritual, indagando por el significado e implicación del desarrollo y la búsqueda de un buen vivir, según el querer de Dios.

Pregunta No. 2: ¿A qué retos y desafíos responde el tema de la Ecología Humana?

De lo anterior, se deriva el inmenso reto de comprender la vida humana dentro de la complejidad del universo creado y en correlación con la gravedad de la crisis ecológica. Todos los atentados en el ciclo de vida, desde la concepción hasta la tumba, interpelan la mirada desde la ecología integral. El aborto (LS 120), las falsas dialécticas antropológicas (LS 121), el relativismo práctico (LS 122), la explotación sexual, la trata de personas, el narco tráfico (LS 123), la perdida del valor del trabajo (LS 124), los ámbitos educativos como la familia, la escuela, los medios de comunicación (LS 213), la lucha frente al consumismo obsesivo (LS 203),la incidencia ciudadana frente a la corrupción (LS 179), el profetismo  y discernimiento frente  a los megaproyectos (LS 185) son algunos de los escenarios de dicho replanteamiento que se describe con la promoción de una ecología humana.

Pregunta No. 3: ¿Cómo se puede leer la Ecología Humana desde las líneas y criterios de la Nueva Evangelización?

En el Magisterio del Papa Francisco hay tres pilares que se articulan; La exhortación “Evangelli Gaudium”, la encíclica Laudato si´ y la convocatoria a la Asamblea Especial del Sínodo de la PanAmazonía.  Hay un énfasis en recuperar la alegría del Evangelio, con una actitud de alabanza hacia el creador y un reconocimiento a nuestra condición humana ligada a la territorialidad. No solo “somos tierra” (LS 2) sino que nuestra historia personal está ligada a los espacios geográficos (LS 84), el ambiente está ligado a nuestra identidad (LS 147).  La Nueva Evangelización no puede hacer caso omiso de la promoción humana y esto no se logra sin tener en cuenta los aportes de la Ecología Integral propuesta en Laudato si´. Es decir, la dimensión social de la Evangelización expresa una conversión ecológica, que “implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea. Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana”. (LS 217)

Pregunta No. 4: ¿Qué acciones y testimonios puede evidenciar que se están realizando en enfoque de Nueva Evangelización desde el programa de Ecología Integral del CELAM u otros espacios que usted conoce?

El Movimiento Católico Mundial por el Clima ha propuesto el lema “Vive Laudato si´”. No se trata tan solo de leer o estudiar la Doctrina Social de la Iglesia en lo que concierne a la ecología, sino que se trata de asumir un estilo de vida en el que sean” inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (LS 10). En este marco hay interesantes estudios entre la relación de Laudato si´ y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ONU), muchos aportes para el tejido de redes territoriales como la REPAM en la Amazonía, la REMAM en Mesoamérica, la REBAC en el río Congo, la REICOSUR en el Acuífero Guaraní y los glaciares del cono sur. Incluso en Colombia se están dando pasos hacia la Red Eclesial de la Cuenca del Río Bogotá con el concurso de nueve diócesis. En ese escenario, la Arquidiócesis de Bogotá está implementando el proyecto “Comunidades Eclesiales que cuidan la vida de nuestra casa común”. Nótese que el concepto de base es el de Ecología Integral, pues no hay dos crisis separadas una social y otra ambiental (LS 139), y todo planteo ecológico implica un planteo social que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres. (LS 49)

Entonces lo que se está promoviendo es una conversión de la cultura del descarte a la cultura del cuidado. El descarte reflejado en un mundo que parece un basurero, un inmenso depósito de porquería y en el que tratamos a los seres humanos como “desechables”. Al hablar de “cultura” nos referimos a las relaciones consigo mismo, con los demás seres humanos (especialmente los más pobres y vulnerables), con el resto de la obra creada y con Dios Creador. Eso explica que existan redes contra la trata de personas, para atender los migrantes, para cuidar a la niñez con cero violencias y cien por ciento de ternura, que pretenden proteger la vida de la familia de Dios dentro de la casa común. Lo ecológico ya no es algo verde y externo, sino multicolor e interno, pues busca dar gloria a Dios cuidando la vida de cada uno de los seres de su creación.

Pregunta No. 5: ¿Qué invitación puede hacer para que se animen a realizar acciones pastorales y evangelizadoras desde la Ecología Humana?

No hay porqué tenerle miedo a la Ecología Integral. Es importante enmarcar la ecología humana dentro de esa mirada integral e integradora: “Hoy el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de los contextos humanos, familiares, laborales, urbanos, y de la relación de cada persona consigo misma, que genera un determinado modo de relacionarse con los demás y con el ambiente. Hay una interacción entre los ecosistemas y entre los diversos mundos de referencia social, y así se muestra una vez más que «el todo es superior a la parte» (LS 141). Por todo lo anteriormente dicho, la animación ecológica de la Evangelización implica una capacidad holística de comprender la realidad. Las especializaciones que fragmentan nuestro pensamiento y acción eclesial, están debilitando nuestro potencial transformador como Iglesia. Recientemente el Cardenal Turkson, presidente de nuevo Dicasterio Vaticano al Servicio del Desarrollo Humano Integral, hablaba que la ecología integral implicaba dialogo y que el Papa Francisco había “integrado” los aportes históricos de San Pablo VI, San Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI para proponer esa perspectiva amplia sobre lo que acontece en nuestra casa común. Este es el tiempo de las sinergias y alianzas, es el momento de la pastoral de conjunto, del dialogo interdisciplinario, del trabajo interinstitucional, interreligioso e intercultural. No perdemos la referencia a los Derechos Humanos, pero sabemos que ninguna persona puede realizarse plenamente si no cuida responsablemente de la hermana agua y de los bosques, si no valora la vida de los animales y se preocupa por preservar los ciclos vitales de cada territorio. Como el Papa Francisco exhortó a los Movimientos Populares reunidos en Bolivia “Digamos juntos desde el corazón: Ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ninguna persona sin la dignidad que da el trabajo.” Que la alegría del Evangelio nos mueva a anunciar que Cristo Vive y que por eso crezcamos en conciencia que, en cada abrazo al pobre, al enfermo, al descartado, estamos abrazando la mismísima carne de Cristo. Así, abrazar al prójimo, abrazar al árbol, abrazar la propia historia con misericordia, se convierte en signo de esa presencia renovadora del Amor de los Amores. El rostro de ese Dios Comunidad Preciosa de Amor Infinito, está magistralmente resumido en la Oración Cristiana con la creación, que cierra la encíclica Laudato si´.

Desde esa lógica ecológica (sentido de hogar), promovamos ecoparroquias, colegios sostenibles, universidades sustentables, conventos ecológicos, promovamos ecobarrios y hogares ecológicos, donde se reduzca la huella de carbono, se “desplastifiquen” los eventos, se reduzca el consumo, se reúse y recicle, se reflexione en red.  La ecología integral que enmarca a la ecología humana, nos orientará para que nuestra gestión ambiental no sea un ejercicio meramente técnico, sino que esté impregnado de una espiritualidad de comunión que incluye la lucha por la justicia, la paz y el cuidado de todo lo creado. De este modo podemos “laudatosificar” la sociedad, es decir, condimentar con Laudato si´ cada una de nuestras relaciones cotidianas. Nuestra vida será un altar para alabar a Dios como discípulos misioneros custodios de la casa común, tal como titulan  los obispos del CELAM su carta pastoral sobre ecología integral (http://iglesiasymineria.org/wp-content/uploads/2018/03/CARTA-PASTORAL-CELAM-2018.pdf)

Un ejemplo muy claro y concreto es lo que la Iglesia Católica está planteando en la región amazónica. El Sínodo de los obispos que culminará en octubre con una Asamblea Especial en Roma, van guiando una caminar que no disocia lo social de lo ambiental. Lo que allí sucede, como también en los otros bosques tropicales del cinturón verde de la línea ecuatorial en África y Asia, es un espejo que interpela nuestro modo de vida, tan consumista y depredador. Tal modelo de desarrollo perjudica a los más pobres, frágiles y vulnerables. Si logramos conectar nuestros comportamientos cotidianos con los impactos ambientales que ocasionamos en lugares remotos, seguro podremos renovar la faz de la tierra y nuestros corazones por la acción del Espíritu Santo. Esa bolsa de plástico o botella que va a llegar al mar, o esa chocolatina que utiliza el aceite de palma que deforestó la selva, o esa ropa de marca que lleva el logo del trabajo esclavo de niños y mujeres, son algunos signos que nos interpelan, nos mueven a la conversión ecológica, y nos acercan a la experiencia íntima y personal con Jesucristo pues “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Benedicto XVI en Deus Caritas Est, N° 1). La ecología nos ayuda a reconocer nuevos lugares teológicos para ese encuentro con el Dios de la Vida. El aporte de una pastoral ecológica o de la animación ecológica de la Evangelización, es contribuir a entrar en comunión con el Misterio del Dios Todoamoroso. No es repetir acciones ambientalistas de ONG o el Estado, sino crecer en el cuidado de lo creación como una caricia, un don, una tarea que Dios mismo nos comunica en su inmensa bondad.

Ecología Humana: Reflexión del Padre Harold Castilla sobre la Laudato Si’

PRIMERAS REFLEXIONES FRENTE A LA ENCICLICA PAPAL LAUDATO SI, COMO MARCO DEL FORO ACADÉMICO:

“Hace unos días el papa Francisco (18 de junio 2015) nos regalo a toda la humanidad, creyentes y no creyentes, hombres de buena voluntad, el documento encíclica “Laudato si”, la cual hace parte de ese inmenso cuerpo, rico de doctrina, como es el Magisterio Social de la Iglesia. Es un documento de lectura obligatoria para todos. Reclama ser estudiado y reflexionado para ser asumido en un nuevo estilo de vida por estar dedicado, en su totalidad, a la protección y cuidado de la Casa Común. La encíclica toma su nombre de la invocación de san Francisco que en el cántico de la creaturas recuerda que la tierra, nuestra “casa común”, es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos (Cfr. n. 1).

Nosotros mismos somos tierra. Nuestro propio cuerpo está formado por elementos del planeta, su aire nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura (Cfr. n. 2). La estructura de la encíclica obedece al ritual metodológico usado por la doctrina Social de la Iglesia y por la reflexión teológica, ahora asumida y consagrada por el Papa: ver, juzgar, actuar y celebrar. Comienza así revelando su principal fuente de inspiración: San Francisco de Asís, al que llama «ejemplo por excelencia de cuidado y de una ecología integral, y que mostró una atención especial por los más pobres y abandonados» (n.10; n.66). En síntesis, un documento que de manera especial viene a ser una gran cartilla de análisis de la realidad actual de nuestro mundo en perspectiva de lo que estamos haciendo en favor o en contra de la Creación y las consecuencias o implicaciones para el desarrollo humano y social integral de toda la humanidad.

Este tema de la cuestión ecológica, ha sido trabajado ampliamente por el Magisterio de la Iglesia, como puede verse en el extenso capítulo X del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, que tiene como título: “Salvaguardar el medio ambiente”, en los números 451- 487. Ahora el Papa Francisco lo amplía, retomando lo que los Pontífices de los últimos tiempos han dicho al respecto. Enlaza con los Papas que le precedieron, San Juan Pablo II y Benedicto XVI, citándolos con frecuencia. Y algo absolutamente nuevo: su texto se inscribe dentro de la colegialidad, pues valora las contribuciones de decenas de conferencias episcopales del mundo entero, desde la de Estados Unidos a la de Alemania, la de Brasil, la de la Patagonia-Comahue, la del Paraguay. Acoge las contribuciones de otros pensadores, como los católicos Pierre Teilhard de Chardin, Romano Guardini, Dante Alighieri, su maestro argentino Juan Carlos Scannone, el protestante Paul Ricoeur y el musulmán sufí Ali Al-Khawwas. Analiza con profundidad lo que San Juan Pablo II presentó como una de las causas de la destrucción del medio ambiente: el “error antropológico” cometido por el ser humano, y la necesidad de incluir en el léxico común el concepto de “ecología humana” (CA, 38), pues el ser humano, hace parte integral y activa del mundo creado. El Papa Francisco la utiliza 5 veces en la encíclica: nn. 5, 148, 152, 155, 156.

El gran mensaje del Papa Francisco es que todos tenemos que cambiar el “chip” en nuestra manera de comprender el mundo, la creación, la historia hasta llegar a confrontar nuestros propios estilos de vida en función de la construcción de un mundo más humano, de un mundo más feliz. La casa, la creación, el mundo, es de todos, es común y por consiguiente la conciencia de vida de todos tiene que estar en la perspectiva de sentirnos todos solidarios e integrados para sacar adelante el proyecto de vida de presente y también el proyecto de vida de todas las futuras generaciones. Se trata en sí de asumir convicciones, valores y actitudes de vida que permitan pensar en el bien común de todos y en la realización feliz de todos los seres del planeta y de los que vienen detrás de nosotros mismos. Se trata de responder la pregunta fundamental: ¿qué tipo de mundo queremos dejarle a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo o que están aún por nacer? (Cfr. n. 160). Esta pregunta no afecta sólo al ambiente de manera aislada, porque no se puede plantear la cuestión de modo fragmentario, dice el Papa Francisco, y nos conduce entonces a preguntarnos sobre el sentido de la existencia humana y el valor de la vida social: “para qué pasamos por este mundo?, para qué trabajamos y luchamos? Para qué nos necesita esta tierra?”. De allí que el papa nos invite a ser cooperadores en encontrar las respuestas a los grandes desafíos que esta realidad nos plantea de manera integral. Que nos hagamos conscientes que somos esos colaboradores de la obra de la Creación y que es en ella donde nuestras potencialidades se hacen efectivas para alcanzar un mundo más humano y de compromiso solidario entre todos por el bien común (Cfr. n. 80).

Esta toma de conciencia por el bien común pasa necesariamente por un desafío educativo, cultural y espiritual. Sólo en la medida en que asumamos conscientemente el valor que tiene la creación como un bien común de todos y para todos podremos ciertamente asumir los valores que componen el modelo o el paradigma de vida que nos hace asumir la responsabilidad común por el universo entero. La conciencia de trascendencia en la perspectiva de un asumir que es un mundo creado y que desde allí soy solamente un elemento más integrado a los demás elementos de la naturaleza me lleva a un compromiso responsable de las convicciones y los modos de ser y vivir. El núcleo de la conversión ecológica a la que nos invita Francisco pasa por la educación y la formación (Cfr. n. 15). El punto de partida es apostar por “otro estilo de vida” (Cfr. nn. 203-208) que abra la posibilidad de “ejercer una sana presión sobre quienes detentan el poder político, económico y social” (Cfr. n. 206). Es lo que sucede cuando las opciones de los consumidores logran “modificar el comportamiento de la empresa, forzándolas a considerar el impacto ambiental y los patrones de producción”. Las implicaciones de esta conversión ecológica deberán manifestarse en la cotidianidad de nuestra vida diaria, desde lo que implica reducir el consumo de agua innecesaria hasta el gesto cotidiano de apagar las luces de la casa que no se están utilizando o que no hay necesidad de utilizar.

Son muchas las formas de aproximación al documento papal sobre la ecología. Hay quienes lo hacen desde la perspectiva meramente ambiental, otros desde la economía, otros considerando el impacto futuro de la realidad actual y la política, otros desde lo religioso, y así sucesivamente. Personalmente encuentro una clave de lectura, que propone el Santo Padre Francisco en el número 160. En dicho número dice: “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo? Esta es la verdadera cuestión. Sin duda que esta pregunta está en el centro de las preocupaciones del Santo Padre, que lo llevó a escribir esta Encíclica. Como obispo de una importante Iglesia particular, Buenos Aires; como testigo del desarrollo de los pueblos latinoamericanos, y ahora, al frente de la Iglesia, desde el gran observatorio que es el Vaticano, el Papa quiere ayudar a la humanidad a que tome las medidas que sean necesarias para mitigar el daño, en algunos casos irreversibles, que el ser humano ha hecho a la casa común, como denomina al mundo en el que vivimos.

A esta pregunta hay buscar respuestas, no sólo desde lo técnico, lo sociológico, lo económico, lo ambiental, sino, y sobre todo, desde lo antropológico, de manera que “el error” del que habla Juan Pablo II, no lo sigamos cometiendo, destruyendo, en la mayoría de los casos, sin querer, nuestra propia casa. Y digo sin querer, porque lastimosamente el ser humano ha adquirido costumbres y comportamientos que le hacen actuar involuntariamente, lo que hace necesario, que efectivamente, de la “cuestión ecológica”, se pueda pasar a una auténtica “cultura ecológica”, en donde, sin perder el referente a Dios, creador de todo, sepamos administrar el mundo con responsabilidad.

Pero ¿cómo incentivar esta cultura ecológica? Es muy interesante el último capítulo intitulado “Educación y espiritualidad ecológica” en el cual el Papa Francisco afirma, con la mirada llena de esperanza, que “no todo está perdido” (LS, 205). La educación ambiental (LS, 210), la formación de una ciudadanía ecológica (LS, 211), la escuela, la familia, los medios de comunicación, la catequesis, etc. (LS, 213), son medios especiales para ayudar a adquirir un “nuevo estilo de vida” (LS, 203), una auténtica cultura ecológica, que propicie el respeto y cuidado hacia los bienes de la creación, comenzado por nosotros mismos, creados a imagen y semejanza de Dios. Se trata ante todo de Apostar por crear una «ciudadanía ecológica» (n.211) y un nuevo estilo de vida, asentado sobre el cuidado, la compasión, la sobriedad compartida, la alianza entre la humanidad y el ambiente, pues ambos están umbilicalmente ligados, la corresponsabilidad por todo lo que existe y vive y por nuestro destino común (nn.203-208).

El espíritu tierno y fraterno de San Francisco de Asís atraviesa todo el texto de la encíclica Laudato sí. La situación actual no significa una tragedia anunciada, sino un desafío para que cuidemos de la casa común y unos de otros. Hay en el texto levedad, poesía y alegría en el Espíritu e indestructible esperanza en que si grande es la amenaza, mayor aún es la oportunidad de solución de nuestros problemas ecológicos. En este sentido, el mismo Francisco nos invita a mirar en perspectiva de celebración y a comprender que «el mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza» (n.12). Confirmándolo más adelante el el n. 207, cuando nos dice: «Que nuestro tiempo se recuerde por despertar a una nueva reverencia ante la vida, por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad, por acelerar la lucha por la justicia y la paz, y por la alegre celebración de la vida».”

Escrito por: Harold Castilla Devoz
Rector Sede Principal.
Julio 23-2015